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Un hombre con el cuerpo cubierto de tatuajes no puede usar reconocimiento facial

King of Ink Land, el hombre más tatuado del Reino Unido, vuelve a ser noticia, pero esta vez por un motivo que va más allá del arte corporal: la tecnología de reconocimiento facial no puede identificarlo, y esto le está causando problemas para acceder a servicios online.

A sus 45 años, Mathew Whelan, originario de Birmingham, ha invertido más de 51.000 dólares en tatuajes y modificaciones corporales, transformando su cuerpo en un lienzo viviente. Pero tanta tinta en su rostro ha generado un conflicto inesperado: la inteligencia artificial lo confunde con una máscara, lo que le impide pasar verificaciones de edad y autenticación facial en sitios web.

El aspecto radicalmente tatuado de Whelan contrasta con las imágenes de su juventud, reavivando el interés por su historia y desafíos sociales. @kingofinklandkingbodyart

Un rostro que desafía la tecnología

Tras la entrada en vigor de nuevas normativas en el Reino Unido, plataformas para adultos han endurecido sus sistemas de verificación facial. Pero el rostro completamente tatuado de Whelan no puede ser reconocido correctamente, dejándolo fuera de servicios que exigen confirmación de identidad por video o selfie.

“Sin un nombre no tienes identidad, y lo mismo ocurre con el rostro. Es mi piel, mi identidad permanente”, explicó Whelan en declaraciones a Daily Mail.

Discriminación y desafíos diarios

Más allá de lo tecnológico, su apariencia también ha sido motivo de discriminación en la vida diaria. Contó al diario Metro que muchas personas evitan sentarse a su lado en el transporte público y que, con frecuencia, lo fotografían sin su consentimiento.

A pesar de los enfrentamientos que ha vivido, Whelan mantiene su postura: los tatuajes son una extensión de su identidad, aunque reconoce que no todos están listos para aceptarlo.

De la tinta a la estabilidad financiera

Actualmente, Whelan ha decidido hacer una pausa en su proceso de modificación corporal para enfocarse en pagar la hipoteca de su casa, que asciende a más de 84.000 dólares.

“Tatuarse puede ser una adicción, pero para mí es un estilo de vida que puedo iniciar o detener cuando lo desee”, aseguró.

Incluso está considerando revertir algunas de sus modificaciones, como retirar un implante en su mano. Aun así, no descarta retomar el proceso en el futuro.

Con más de 1.600 horas bajo la aguja, Whelan ve cada tatuaje como una etapa de su vida. Su historia es una muestra de cómo la identidad visual puede desafiar tanto la tecnología como los prejuicios sociales, mientras él se abre paso hacia una nueva etapa con determinación.

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